En una radiografía social sin precedentes que fractura definitivamente la idea de una ciudadanía homogénea, se presentaron los resultados locales de la octava ola de la Encuesta Mundial de Valores (EMV). El informe, debatido en un conversatorio conjunto entre la Alcaldía Mayor, Bogotá Cómo Vamos, la Universidad de los Andes y la Fundación Corona, revela una capital llena de contrastes: más plural, abierta y feliz que hace seis años, pero profundamente prevenida frente al prójimo y críticamente escéptica sobre el funcionamiento de su sistema político.
El encargado de liderar el análisis institucional de estos
datos fue el secretario general de la Alcaldía de Bogotá, Miguel Silva
Moyano, quien enfatizó que la ciudad ya no puede ser gobernada bajo
fórmulas generales, sino entendiendo las marcadas diferencias que coexisten en
sus territorios.
"Durante años hablamos de 'los bogotanos' como si fueran un solo grupo homogéneo. Esta encuesta demuestra que Bogotá vive y piensa distinto según la localidad, la edad y las condiciones sociales", afirmó Silva Moyano.
El dilema democrático y la grieta generacional
Uno de los hallazgos más complejos del estudio internacional
—aplicado en más de 100 países— tiene que ver con la percepción del sistema
político. Si bien el apoyo general a la democracia en Bogotá aumentó, pasando
del 75% en 2018 al 85% en la medición reciente, este respaldo se
debilita drásticamente entre las nuevas generaciones.
Según los datos revelados, solo el 48% de los jóvenes
entre 18 y 25 años considera prioritario vivir en democracia, una cifra que
contrasta con el 71% de los adultos mayores de 56 años. Paralelamente,
la encuesta evidenció un crecimiento en las opiniones favorables hacia modelos
autoritarios:
- El
respaldo a un "líder fuerte que no tenga que rendir cuentas al
Congreso o a las elecciones" subió del 56% al 59%.
- El
apoyo a la posibilidad de un gobierno militar se incrementó del
13,5% al 18%.
Geografía del bienestar: Felicidad y desconfianza por
localidades
La encuesta permite, por primera vez, desglosar las
variables culturales y emocionales en las 19 localidades urbanas de la capital.
Los resultados demuestran que habitar Bogotá genera experiencias radicalmente
distintas según el territorio donde se resida.
En términos generales, el 87% de los bogotanos afirmó
sentirse "muy feliz" o "bastante feliz" (dos puntos más
que en 2018). Sin embargo, al mirar el mapa detallado, las asimetrías
socioeconómicas se traducen en brechas emocionales y de capital social.
|
Variable Analizada |
Localidad con Mayor Índice |
Localidad con Menor Índice |
|
Sensación de Felicidad |
Chapinero (96%) |
Ciudad Bolívar (76%) |
|
Confianza Interpersonal |
Teusaquillo (19%) |
Usme (1%) |
La desconfianza del ciudadano de a pie hacia el otro sigue
siendo uno de los mayores desafíos de convivencia para la administración. A
nivel general, el 93% de las personas en la ciudad afirma que "hay que
ser muy cuidadoso" al relacionarse con los demás, y solo un escaso 7%
considera que se puede confiar en la mayoría de la gente. En Teusaquillo la
confianza alcanza su punto máximo, mientras que en Usme cae a niveles críticos.
Avances en tolerancia y un acelerado giro cultural
No todo son alarmas. El estudio arrojó noticias positivas en
materia de inclusión, mostrando una Bogotá significativamente más plural y
respetuosa de la diversidad que en 2018:
- Diversidad
sexual: El rechazo a tener personas homosexuales como vecinos se
desplomó del 31% al 13% en seis años.
- Pluralismo
étnico: El rechazo hacia vecinos de otra raza cayó drásticamente del 17%
al 3%.
A pesar de este avance, persiste una barrera invisible en el
marco del posconflicto: el 35% de los encuestados manifestó que no le
gustaría tener como vecino a un desmovilizado de un grupo armado ilegal.
Finalmente, el informe constata un rápido proceso de
secularización en la capital. El porcentaje de ciudadanos que se declaran
abiertamente ateos se cuadruplicó, pasando del 1,1% al 4,3% en solo seis
años. Asimismo, uno de cada cuatro bogotanos aseguró que nunca asiste a la
iglesia, una tendencia impulsada por los menores de 25 años, donde solo el 49%
considera importante la religión, frente al 68% de los mayores de 56 años.
Gobernar con datos reales
Al cierre de la presentación, el secretario general Miguel
Silva Moyano fue enfático en la hoja de ruta que estos indicadores imponen para
el gobierno distrital.
"La ciudad necesita gobernarse con los datos que ya
tiene. Esta encuesta nos permite entender mejor cómo está cambiando la capital
y cómo responden de manera distinta sus territorios frente a los grandes
desafíos sociales", concluyó el funcionario.
Los resultados de la Encuesta Mundial de Valores se
convertirán en un insumo clave para el diseño de políticas públicas
diferenciales, enfocadas en mitigar el desencanto democrático juvenil y
reconstruir el tejido de la confianza comunitaria en las zonas que más lo
requieren en la ciudad.

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