jueves, 26 de febrero de 2026

Rafael Uribe Uribe fortalece el bienestar de sus cuidadores con espacios de autocuidado y reconocimiento

En medio de rutinas exigentes, jornadas interminables y responsabilidades que pocas veces se reconocen, las mujeres y hombres cuidadores de la localidad de Rafael Uribe Uribe vivieron una jornada distinta: un espacio pensado exclusivamente para ellos y ellas. Un día para detenerse, respirar y recordar que también merecen ser cuidados.

Gracias al trabajo articulado entre el Fondo de Desarrollo Local de Rafael Uribe Uribe y la organización Fundesco, en el marco del CPS 725 de 2024 y el componente 2268 “Cuidando a Cuidadores”, se desarrollo la iniciativa “El cuidador tiene un refugio”, una apuesta construida desde los presupuestos participativos que reivindica la labor silenciosa y esencial del cuidado en la comunidad.

La jornada fue mucho más que una salida recreativa. En un entorno de piscina, descanso y alimentación, los cuidadores participaron en espacios de reflexión y autocuidado, así como en la aplicación de las 5R —reconocer, redistribuir, reducir, recompensar y resignificar el cuidado—, herramientas que buscan transformar la manera en que la sociedad entiende y valora estas labores.

Por su parte María del Rosario, cuidadora y que vive en el barrios San Jorge, compartió su emoción durante el encuentro: “Esto es una bendición de Dios. Tener la oportunidad de poder dedicarse un día para uno cuidarse. Estoy feliz”.

Como ella, muchas personas cuidadoras reconocen que una de las mayores dificultades de su labor es la falta de tiempo para sí mismas. “Muchas veces uno no tiene tiempo ni para uno”, confesó Rosario. Entre la crianza, el acompañamiento a familiares y las múltiples tareas del hogar, el autocuidado suele quedar en último lugar.

Por eso, este refugio trascendió del simple esparcimiento y se convirtió en una experiencia integral de bienestar. A través de la musicoterapia, los cuidadores y cuidadoras encontraron un espacio para liberar tensiones, conectar con sus emociones y reconectar consigo mismos, además recibieron un Kit del Cuidado con implementos personales que, en palabras de Rosario, “me han encantado… mis toallitas,mascarillas, crema humectante, mi bloqueador… eso es pensar también en uno”.

Más allá de los objetos, el verdadero regalo fue el reconocimiento. En cada dinámica, en cada palabra compartida, se reafirmó que el trabajo de cuidar sostiene la vida cotidiana y merece respeto, apoyo institucional y corresponsabilidad social.

Estas iniciativas, nacidas desde la voz ciudadana a través de los presupuestos participativos, demuestran que cuando la comunidad decide, el impacto es real. “Yo les digo a todas las cuidadoras que se unan, que participen. Esto es lo mejor que hay”, expresó Rosario, invitando a más personas a vincularse y a seguir respaldando propuestas que dignifiquen su labor.

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